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La petrolera que devoró la calificación crediticia de México

México pasó de emisor con grado de inversión a pagar más que Guatemala y Panamá, y casi todo se explica por una sola línea: los 130 mil millones de dólares (130 billion) que el Estado sigue inyectando a Pemex.

N.º 4026 ago 2026Basado en la investigación de Maria Elena Vizcaino, Scott Squires y Kelsey Butler · Bloomberg
9 min de lectura1701 palabras
Sin marca quiere decir que lo comprobamos. Con marca, cuidado.dorado corroborado: hay un documento que lo sostienepunteado lo sostiene una sola fuente, y nada másliso se afirma, y no encontramos nada que lo respalde

Hace unos años, México era el referente para los ministerios de finanzas de América Latina: calificación grado A, finanzas impecables y una reputación de pagar sus deudas sin importar quién ocupara la presidencia. Ese prestigio se ha esfumado y el mercado ha dictado sentencia. Hoy, México paga tasas de interés más altas que Guatemala o Panamá, y la causa no es una guerra, una suspensión de pagos o una corrida cambiaria. Es una empresa petrolera. Petróleos Mexicanos, el gigante que todo mexicano conoce como Pemex, ha absorbido cerca de 130 mil millones de dólares en rescates. Esta cifra proviene de los reporteros de Bloomberg Maria Elena Vizcaino, Scott Squires y Kelsey Butler, quienes se propusieron explicar cómo una sola compañía logró revalorar la deuda de todo un país. Los expedientes detrás de este número cuentan una historia más extraña que la de un simple salvamento. México no solo prestó dinero a su petrolera; fusionó su propio crédito con el de la empresa, y los prestamistas han comenzado a cobrar en consecuencia.

Part 01
§ 01

Los años del grado A

La solidez crediticia de México era una cuestión de disciplina nacional mucho antes de la disputa actual. Esa posición es la base de todo lo que sigue.

Durante décadas, los gobiernos mexicanos de toda índole trataron el buen nombre del país como un activo estratégico. Los presupuestos se diseñaban pensando en las agencias calificadoras y la recompensa era la pertenencia al club del grado A, ese grupo de países que pueden endeudarse a bajo costo cuando lo deseen. México mantuvo ese estatus hace apenas unos años, lo que hace que este ajuste de precios se perciba menos como un ciclo económico y más como una ruptura.

Ahí es donde se encuentra México. El declive ha llevado al país al borde del bono basura, y el registro público muestra que el terreno cede, aunque el paso final aún no se concrete. El presupuesto 2024 enviado al Congreso proyectó un déficit de 4.9 por ciento del PIB, superior al 3.3 por ciento del año anterior, con una deuda pública estimada en 48.8 por ciento del PIB. Fitch Ratings interpretó la propuesta como la confirmación de que la deuda crecería moderadamente y el apoyo a Pemex continuaría.

Ninguna de estas cifras revaloriza a un país por sí sola. Los déficit aumentan por razones normales y una carga de deuda que no llega a la mitad del producto anual no constituye una crisis. Lo que cambió la percepción sobre México solo es visible al contrastar el presupuesto con el mercado de bonos, donde los prestamistas han comenzado a cobrarle al soberano más de lo que cobran a sus vecinos más pequeños.

Part 02
§ 02

Tasas por debajo de los vecinos

La afirmación central es comparativa: México frente a Guatemala y Panamá. Solo uno de los lados de la comparación puede verificarse, pero es lo suficientemente contundente.

Esta es la comparación sobre la que gira todo el argumento. México paga hoy tasas de interés más altas que Guatemala y Panamá, países con una calificación crediticia inferior. Ninguna serie de rendimientos pública confirma los tres puntos de la comparativa, pero el dato de México es verificable y no necesita compañía para resultar alarmante.

El rendimiento mexicano a diez años ronda ahora el 9.2 por ciento, casi un tercio de punto porcentual más que hace un año. Es la tarifa vigente para prestarle a un soberano con una inflación cercana al 3.1 por ciento y una tasa de política monetaria del 6.5 por ciento. Los modelos del mercado anticipan que el rendimiento cierre el trimestre en 9.19 por ciento y solo baje a 8.88 por ciento en doce meses. Nadie, en otras palabras, está apostando por el regreso del dinero barato.

Un rendimiento que empieza con nueve no es un voto de confianza. Es la prima que los prestamistas cobran cuando existe un riesgo en los libros que no logran modelar, y la versión mexicana de ese riesgo tiene nombre propio. Petróleos Mexicanos no es solo una partida en el presupuesto; es la razón por la que el presupuesto luce como luce. Entender por qué requiere dejar los números de lado por un momento.

Part 03
§ 03

El monumento en el presupuesto

Pemex drena el erario no porque los números lo exijan, sino por política. Un exconsultor de la empresa lo explicó en una sola frase.

Comencemos con lo que el Estado solía extraer, pues durante mucho tiempo el flujo fue a la inversa. Pemex pagaba al fisco el derecho de utilidad compartida, la tasa que canalizaba los ingresos petroleros hacia la secretaría de finanzas. El presupuesto 2024 oficializó la reversión: el derecho se redujo y se añadieron transferencias financieras directas.

Luis Pacheco, quien fuera consultor de la empresa, definió su función real en una sola frase:

Pacheco

Sirve como un recordatorio constante para los funcionarios sobre la postura ideológica del país.

Una empresa puede reestructurarse o cerrarse. Un monumento debe ser mantenido, sin importar lo que cueste.

Esa es la esencia de las finanzas modernas de Pemex: el Estado no está protegiendo un flujo de caja, está protegiendo un significado, y el significado no tiene tope presupuestario. El resultado es un rescate cuyo total asciende a 130 mil millones de dólares, una cifra que ningún documento único confirma, pero que ninguna declaración oficial desmiente. La siguiente pregunta es técnica: ¿a dónde va a parar tanto dinero?

Part 04
§ 04

Lo que compran 130 mil millones

Ninguna línea presupuestaria contiene el rescate. Llega a cuentagotas, y los estados financieros de la empresa explican por qué las transferencias no cesan.

Los 130 mil millones de dólares son una suma, no una partida específica, y ningún registro público consolida ese total. Lo que el expediente muestra es la maquinaria. La nota de Fitch sobre el presupuesto 2024 detalla recortes de derechos y transferencias directas, además de registrar la promesa del gobierno de ir más allá de los montos presupuestados si los riesgos de refinanciamiento así lo exigían. Un salvamento, en suma, sin techo definido.

La razón por la que no hay techo es visible en los libros de la empresa. En sus informes a la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. (SEC) para el primer trimestre de 2024, Pemex reportó una utilidad neta de 4.7 mil millones de pesos sobre ingresos de 406 mil millones. Frente a esa modesta ganancia se alzan 1.29 billones de pesos de deuda a largo plazo y un déficit de capital contable de 1.58 billones de pesos; es decir, sus pasivos superan a sus activos por esa cantidad. Ese mismo año, vencieron 11.2 mil millones de dólares en bonos externos, los que están en manos de acreedores extranjeros.

Números así solían espantar a los inversores soberanos. La reacción en esta ocasión ha sido más lenta y extraña: no ha sido una fuga, sino un ajuste gradual de precios. Lo que el mercado concluyó del paquete, y lo que aún espera, es la última pieza de esta historia.

Part 05
§ 05

La silenciosa respuesta del mercado

No ha habido una corrida contra la deuda mexicana, y ese es el punto. El mercado ha elegido un veredicto pausado, que se pondrá a prueba en fechas clave.

Lo sorprendente del rescate es lo que no ha ocurrido. No hay registros de fuga de capitales, subastas fallidas o mercados congelados. En su lugar, el mercado ha degradado a México gradualmente, al igual que se valora un riesgo político crónico y no una suspensión de pagos repentina. Fitch Ratings, por su parte, interpretó el presupuesto 2024 como la promesa de apoyo hecha oficial, y lo expresó con una franqueza inusual en los informes de las agencias.

Fitch

La propuesta subraya nuestra visión de que el apoyo soberano a Pemex seguirá presente y mejora la transparencia sobre el tamaño y la naturaleza de este respaldo.

La misma nota contenía la advertencia que aún pesa sobre el arreglo. Fitch asumió que la nueva administración seguiría apoyando a Pemex, admitiendo que la forma de ese apoyo solo quedaría clara una vez que el nuevo gobierno tomara posesión. En la práctica, la agencia estaba calificando una política que aún no había visto en marcha.

La lista de seguimiento se escribe sola. Cada nuevo presupuesto reflejará el rescate en dos frentes: el rubro de derechos y el de transferencias. Cada año trae consigo un muro de vencimientos, y los 1.29 billones de pesos en deuda a largo plazo garantizan más obstáculos tras los que vencieron en 2024. El rendimiento será el marcador, con pronósticos que anticipan poco alivio en el corto plazo. México puede cargar con su monumento durante mucho tiempo. La duda que el mercado aún intenta resolver es qué aspecto tendrá su crédito mientras lo hace.